Las Tablas de Daimiel Es el último representante de un ecosistema denominado tablas fluviales, que se formaron por los desbordamientos de los ríos Guadiana y Gigüela en su confluencia, favorecidos por la escasez de pendiente en el terreno. Con su declaración se dio un gran paso en la conservación de uno de los ecosistemas más valiosos de la Mancha, asegurando así, la supervivencia de la avifauna que utiliza estas zonas como área de invernada, mancada y nidificación, creando una Zona Integral de aves acuáticas.
- Fecha de declaración: Decreto 1874/73, de 28 de junio.
- Reclasificación: Ley 25/80, de 3 de mayo.
- Instrumentos: PRUG en proceso de elaboración
- Superficie: 1.928 hectáreas.
- Provincia: Ciudad Real.
- Comunidad Autónoma: Castilla-La Mancha.
- Coordenadas: 39º 09’ N y 3º 40’ W.
- Teléfono: 926-693118.
- Valores Culturales:
Una de las modificaciones humanas más importantes en Las Tablas y sus alrededores hasta el siglo XX han sido los molinos. Se llegaron a contabilizar hasta 14 molinos, alguno de los cuales se remonta a la Edad Media. Los molinos eran núcleos sociales donde se molía el trigo, se vendía la pesca y la caza, se podía comer, dormir e intercambiar productos.
- Valores Naturales:
Representa los ecosistemas ligados a las zonas húmedas continentales. Una gran variedad de aves acuáticas pueblan Las Tablas. Entre las más adaptadas al agua se encuentran el somormujo lavanco, el zampullín común y el zampullín cuellinegro. Garzas, garcillas, martinetes y todo tipo de anátidas ibéricas, se pueden observar dependiendo de la época en la que visitemos el parque. Entre la flora, las plantas acuáticas son el substrato básico de Las Tablas de Daimiel, y los únicos árboles presentes son los tarayes.
- Otros Datos:
Redes supranacionales:
-Reserva de la Biosfera (1981).
-Humedal de Importancia Internacional por el Convenio de Ramsar (1982).
-ZEPA (1988).
CONSERVACION Y BIODIVERSIDAD
Grandes manchas de masiega (Cladium mariscum) alternan en armónica distribución con las superficies de agua libre.
Los carrizales (Phragmites australis), de una gran adaptabilidad y poder colonizador, se extienden en las áreas menos profundas y en casi toda la periferia del Parque. Entre ellos podemos avistar corros de eneas (Typha domingensis), que se instalan en las depresiones.
Hasta hace pocos años, los juncales sobre suelos con encharcamiento temporal eran frecuentes en las lagunas manchegas; hoy en día están seriamente amenazados por la ampliación de los cultivos, aunque siguen siendo abundantes en el Parque Nacional. Los limonios son en su mayoría especies propias de saladares y estepas salinas, que caracterizan un tipo de hábitat de interés prioritario en la Unión Europea y que por tanto, debe ser conservado.
En el Parque Nacional están representados algunos taxones endémicos de la provincia de Ciudad Real actualmente muy amenazados por la expansión de los cultivos en el exterior del espacio protegido, como Limonium carpetanicum.
Una de las formaciones más característica del Parque Nacional son las praderas de carófitos, constituidas por diferentes especies del género Chara (Ch. hispida, Ch. major, Ch. canescens) conocidas como ovas, que pueden forma un tapiz casi continuo en los fondos inundados.
La única vegetación arbórea está formada por los tarayes (Tamarix canariensis y T. gallica), que forman pequeños bosques sobre suelos húmedos, pudiendo soportar algún periodo de inundación y cierto grado de salinidad en el suelo.
En las Tablas viven numerosas aves ligadas al medio acuático, entre las que destacan el ánade azulón (Anas platyrhynchos), el pato colorado (Netta rufina), símbolo del Parque, donde nidifica en un significativo número, lo que confiere a esta zona relevancia internacional, el silbón europeo (Anas penelope), la cerceta común (Anas crecca), el cuchara común (Anas clypeata), el ánade friso (Anas strepera); ardeidas como la garza imperial (Ardea purpurea), la garza real (Ardea cinerea), el avetorillo (Isobrychus minutus) y el avetoro (Botaurus stellaris), nidificante ocasional en el Parque.
Otras aves ligadas al medio acuático son el zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis), que tiene en la zona manchega el área de cría más importante del oeste de Europa, el zampullín común (Tachybaptus ruficollis), el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), el rascón (Rallus aquaticus) y el fumarel cariblanco (Chlidonias hybridus).
También se pueden observar en el Parque aves de zonas esteparias, como las avefrías (Vanellus vanellus), canasteras (Glareola pratincola), alcaravanes (Burhinus oedicnemus) y sisones (Tetrax tetrax).
Entre los mamíferos, mencionamos al jabalí (Sus scrofa), el zorro (Vulpes vulpes), el turón (Putorius putorius), la nutria (Lutra lutra), la comadreja (Mustela nivalis), el conejo (Oryctolagus cuniculus) y el lirón careto (Eliomys quercinus).
Los anfibios y reptiles son muy abundantes: la ranita de San Antón (Hyla arborea), el gallipato (Pleurodeles waltl), el sapillo moteado (Pelodytes punctatus), el sapo de espuelas (Pelobates cultripes), el sapo corredor (Bufo calamita), el galápago europeo (Emys orbicularis), el galápago leproso (Mauremys caspica), las culebras de agua (Natrix spp.) y la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus).
Entre los peces destaca por su biomasa la carpa (Ciprinus carpio) y, por tratarse de especies endémicas con cierto grado de amenaza, el cachuelo (Leuciscus pyrenaicus), el calandino (Topridophoxinellus alburnoides), el barbo comiza (Barbus comiza) y la colmilleja (Cobitis paludica).
Manejo de la vegetación acuática.
Con el objeto de mantener la estructura y distribución de la cubierta vegetal de las Tablas de Daimiel en su estado original, alterada a raíz de las modificaciones sufridas en su red hidrológica durante los últimos años, se ha acometido una serie de actuaciones para controlar la dinámica de la vegetación, marcada por una excesiva proliferación de ciertas especies vegetales que, debido a su carácter invasor y resistencia a la desecación estacional, constituyen un factor de desplazamiento para otras más vulnerables.
Esta relación se establece entre especies como carrizo, taray y enea, sobre otras en regresión como la masiega. Este proceso se ha ido materializando de forma progresiva a partir de áreas marginales, donde el agua desaparecía temporalmente, hasta llegar a la situación más reciente en que la falta de agua puede afectar a grandes extensiones del Parque y, por tanto, las especies invasoras llegan a colonizar los espacios interiores, denominados "tablas", donde las únicas plantas existentes eran subacuáticas.
El resultado final de este proceso es la desaparición de dichas "tablas", áreas muy importantes para la estancia y permanencia de las aves acuáticas, así como para el desarrollo las praderas de ovas (plantas subacuáticas del género Chara) que constituyen un elemento clave en la cadena trófica del ecosistema.
Además, se pueden llegar a obstruir los cauces principales, así como el cerramiento de las "trochas" y pasos naturales que permiten el flujo interlagunar e impiden el aislamiento de ciertas masas de agua. Por tanto, las actividades más importantes son la apertura y mantenimiento de las tablas tradicionales de la vegetación invasora, la eliminación de residuos vegetales y quemas controladas de masiega para favorecer su regeneración, que sólo se realizan circustancialmente y en condiciones muy especiales.
USOS COMPATIBLES
Desde muy antiguo el hombre ha sabido aprovechar los abundantes recursos que les ofrecía este medio. La presencia humana en Las Tablas se remonta a las primeras culturas prehistóricas palustres que las habitaron en la Edad del Bronce (1500 a.C.).
Una de las modificaciones humanas más importantes hasta el siglo XX han sido los molinos. La fuerza con la que corría el agua de los ríos podía mover piedras de moler; así, en Las Tablas y sus alrededores se llegaron a contabilizar hasta 14 molinos, alguno de los cuales se remonta a la Edad Media. Los molinos eran núcleos sociales donde se molía el trigo, se vendía la pesca y la caza, se podía comer, dormir e intercambiar productos.
Las virtudes venatorias de este humedal han sido las más conocidas ya que la mayor parte de la historia de Las Tablas de Daimiel ha sido escrita por cazadores. Ya desde antiguo, tenemos constancia documentada de esta actividad, así, en el siglo XIV, el Infante Don Juan Manuel se refiere a ellas en su "Libro de Caza". También se menciona en las Relaciones Topográficas de Felipe II. El General Prim, Alfonso XII, Alfonso XIII y Franco también cazaron patos en estos parajes. Los patos y jabalíes eran las principales presas, aunque allí, para comer se cazaba de todo.
La gente del río se regía por reglas no escritas que todos respetaban en relación a la propiedad de las trochas, las zonas de pesca, etc.
A finales del siglo pasado se introdujo el cangrejo autóctono (Austropotamobius pallipes). Pronto hubo más de 300 familias dedicadas a la pesca del cangrejo. Los garlitos de mimbre se introducían por la noche en el agua con un cebo de pescado en su interior. Un pescador podía echar al agua 300 o 400 garlitos por noche. El cangrejo autóctono desapareció por una plaga de hongos y por los efectos negativos del proyecto de canalización y desecación de ríos y humedales que, por entonces, se estaba realizando en el entorno. Paralelamente se introdujo el cangrejo americano (Procambarus clarkii) pero la reducción de la superficie encharcada hizo que esta fuente de riqueza disminuyera hace 20 años.
La pesca con redes también era importante, barbos, carpas y bogas se han pescado y comido desde la Edad Media.
La masiega se segaba y se utilizaba como combustible; serijos y esteras eran elaborados con enea y el carrizo se utilizaba en los techos de las casas.
El equilibrio del hombre con el humedal se rompió hace unas décadas. Las actuaciones para desecar La Mancha húmeda precedieron a la explotación desmesurada de los recursos hídricos almacenados desde hace siglos en el subsuelo.
La sucesiva extracción de un volumen de agua muy superior a la recarga media anual fue provocando un desembalse importante del acuífero que se tradujo en un descenso progresivo del nivel freático, cuya principal consecuencia fue la anulación de las descargas naturales que se producían en los Ojos del Guadiana y en Las Tablas de Daimiel.
Las administraciones han puesto en marcha diversas medidas para restaurar el funcionamiento natural del ecosistema, cuya evolución se analiza rigurosamente. La conservación de Las Tablas de Daimiel no debería ser un conflicto entre intereses económicos y conservacionistas, sino la garantía de la explotación racional y sostenible de un recurso renovable tan vital como el agua.